Te pregunto en donde estás y como te encuentras
vestida, en cuanto me lo dices, mi voz melosa, queda y excitada, te sugiero que
empieces a imaginar lo que te iré diciendo.
Imagíname pegadito a tu espalda, si, así como te
gusta que me pegue a ti, siente mi aliento en tu nuca, moviéndose en los
linderos de tu espalda y mi deseo… mi deseo palpitante, rozándote -un gemido se
escapa en la bocina del teléfono- la piel, mandándote sus especiales señales
Morse, mis brazos abarcándote, mis manos empezando a explorarte, moviéndose
inquietas por tus brazos, por el frente y por atrás, por tu cintura y mas
abajo, mas íntimas y provocativas –jadeos, gemidos, te conozco tan bien-
tomando un baño tibio y a la vez preparándote
para recibirme, para subir la temperatura de esta atmósfera con el olor animal
de la pasión, con el sonido de nuestros cuerpos en movimiento sensual. Sin que
te lo veas venir te hago mía, así, de cucharita, lo hago tierno, te susurro en
el oído cosas que sé de sobra multiplican la sensación de mi carne tallando tu
carne, partiéndote y acabándote. Te escucho explotar por primera vez, y me
preparo para la segunda vuelta, para mi turno…
…Mucho tiempo después, las respiraciones han dejado
su agitación, descansando y disfrutando el momento nos fumamos un cigarro y
platicamos de mil cosas, entre ellas te digo que eres enorme, que la llamada te
saldrá en un ojo de la cara, te carcajeas y me dices: “Acuérdate que el celular
no lo pago yo, el Hotline es cortesía de mi marido”… lo dicho eres tremenda, y llamas a mi demonio… hoy dormiré con una
sonrisa en el rostro, cortesía tuya… Adiós.








